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LUCHA CAMPESINA

¿Sabías que el 80% de los más de 800 millones de personas que pasan hambre en el mundo son productoras de alimentos?

Esta paradoja se debe al modelo actual de producción, transformación, comercialización y consumo de alimentos. Y es que este sistema agroalimentario global se basa en tratar la alimentación como un negocio, en lugar de un derecho, provocando desnutrición en países pobres y sobrepeso en países ricos. Es por eso, que hoy se celebra el Día Mundial de la Lucha Campesina, reivindicando los derechos de los que cultivan la tierra, así como una Soberanía Alimentaria.

A pesar de que, en 1948, el derecho a una alimentación adecuada en cantidad, calidad y accesibilidad se incluyó en la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. A día de hoy, el hambre sigue aumentando.

La creación de los transgénicos y la industrialización de la agricultura ayudó a que aumentara la cantidad de producción mediante la disminución de su calidad, pero también favoreció que unas pocas multinacionales comenzaran a patentar semillas y comercializar agroquímicos, que al principio si daban resultados pero que a la larga hacia al campesino dependiente de ellas.

Tradicionalmente, los cultivos autóctonos de gran riqueza genética eran resistentes a la mayoría de plagas e insectos del entorno. Sin embargo, el uso de las semillas patentadas requería de agroquímicos para su mantenimiento, puesto que las hacía vulnerables a todos estos factores.

Además, los agricultores iban pasando sus semillas unos a otros, ya que si recogías tu propia cosecha te servían para el año siguiente, pero ahora las manipulan y patentan, por lo que si quieres volver a plantar al año siguiente tienes que comprarlas de nuevo.

Esta industrialización también conocida como Revolución Verde, surgió como solución al hambre en el mundo, pero como vemos por mucho que aumente una producción no lo ha solucionado. Esto no ocurre porque no haya alimentos suficientes, sino porque no están bien repartidos ya que en los países más desarrollados o ricos se tira mucha cantidad de comida y hay problemas de salud como el sobrepeso. Y es que según la FAO el volumen mundial de despilfarro de alimentos se calcula en 1 600 millones de toneladas en el «equivalente de productos primarios». Por lo que no hace falta producir más, sino volver a recuperar su calidad y repartirlos adecuadamente.

Son unas pocas multinacionales las que controlan el 70% del mercado agroecológico y las que realmente deciden lo que comemos (cómo se produce, transporta, comercializa y consume). Esto supone a los pequeños productores un problema muy grave ya que al ser negocios más pequeños no pueden permitirse abaratar los precios de la forma extrema que lo hacen las multinacionales, dejando a los campesinos y campesinas sin apenas recursos para subsistir y competir con ellas, incrementando la injusticia social.

Además de todos estos problemas socioeconómicos, este modelo genera múltiples problemas medioambientales desde la enorme pérdida de biodiversidad y calidad del suelo, hasta el aumento del cambio climático.

¿Cuál es la solución?

Es por esto que en los años 90 surgió el movimiento por la Soberanía Alimentaria como propuesta de nuevo modelo agroalimentario que defiende el derecho de los campesinos y campesinas a cultivar la tierra de forma sostenible y decidiendo su propio sistema alimentario.

Nosotros desde La vida de las cosas y el día de Lucha Campesina apoyamos y reivindicamos la Soberanía Alimentaria, ya que esta engloba tanto un consumo responsable y de proximidad, como una producción ecológica y libre de transgénicos y pesticidas.