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CONTAMINACIÓN. Parte 3. La contaminación de los suelos

La contaminación de los suelos supone la alteración de la composición de la superficie terrestre con sustancias químicas, nocivas, perjudiciales para la vida, poniendo en peligro los ecosistemas y también la salud de las personas.

El suelo es un recurso finito, si sufre una degradación, tardara cientos de años en recuperarse. La contaminación de éstos afecta de forma directa a los alimentos, al agua y en definitiva a todos los organismos vivos que en él habitan, ya que muchas de las sustancias contaminantes alteraran la cadena trófica al ser bioacumulables.

El suelo se puede contaminar de dos formas diferentes:

Una es la contaminación natural, la cual siempre va a existir en nuestro planeta, pero va a ser la de menor importancia. Por ejemplo, cuando un volcán entra en erupción, emite gases y sustancias contaminantes en grandes cantidades.

La otra, contaminación antrópica. La más importante de las dos, la que realmente supone un problema para el medio ambiente. Es la producida por la actividad de los humanos, de diversas maneras:

   1. Contaminación del suelo por infiltración. Las sustancias contaminantes son arrastradas por el agua superficial hacia el interior del suelo, resultando muy perjudicial en ciertas zonas, sobre todo en aquellas que tengan acuíferos subterráneos, pudiendo llegar a contaminarse el agua que después se utiliza para abastecimiento humano.

   2. Contaminación por escorrentía. Este tipo de contaminación tiene mucho que ver con el anterior. En este caso, el agua arrastra los contaminantes aguas abajo, contaminando todo el suelo a su paso.

   3. Contaminación del suelo por los residuos. Este tipo de contaminación se produce mayoritariamente en vertederos incontrolados, en los cuales existe una acumulación de los residuos directamente sobre la superficie terrestre. La exposición de estos residuos al ambiente (humedad, temperatura, lluvias) provoca que los contaminantes presentes sean disueltos en el suelo.

   4. Contaminación del suelo debido a la construcción. Este tipo de contaminación se refiere más a la pérdida de suelo como elemento natural. La construcción de una carretera, una urbanización, o cualquier elemento, va a provocar un cambio tremendo en la naturaleza de ese suelo, modificándolo. Además, los elementos utilizados en la construcción pueden ser contaminantes, dañando los sustratos térreos.

La imagen de abajo es un claro ejemplo de esta contaminación. Es la urbanización de Las Lamparillas en Murcia. En las imágenes de satélite se puede observar el cambio del uso y la pérdida de suelo debida a esta construcción, además inacabada.

Las consecuencias de la contaminación y degradación del suelo van a depender de los contaminantes y su concentración, pero seguro que habrá perjuicios para la flora y fauna de la zona. Los daños en el equilibrio ecológico en los ecosistemas son, casi siempre, irreversibles, implicando a las poblaciones humanas, causando la imposibilidad de cultivar las tierras o construir.

A parte, existirá una degradación paisajística y una desvalorización del suelo.

La solución a esta amenaza pasa por la prevención y concienciación del problema, hacer ver lo importante que es el suelo y que no se deben realizar prácticas dañinas. Los movimientos sociales también pueden ayudar a frenar la degradación de los espacios, como en el caso de El Saler en la Albufera de Valencia, que se consiguió paralizar una actuación brutal en el ahora Parque Natural.

Portada de la revista “Valencia Atracción” con la maqueta que reproducía la urbanización de El Saler (Archivo VTiM arqtes.)

En ciertos casos se puede buscar la restauración de los ecosistemas contaminados a través de la biorremediación, el empleo de seres vivos para eliminar o neutralizar contaminantes.

Cuidemos los suelos, seamos conscientes, son más importantes de lo que pensamos.

Tú marcas la diferencia. Tú decides.